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EL SÍNDROME DEL CUIDADOR QUEMADO


Cuidarnos para poder cuidar







Los cuidadores informales de personas en situación de dependencia son familiares o amigos que prestan a una persona los apoyos necesarios para satisfacer sus necesidades básicas y aquellas otras necesidades derivadas de su condición de dependencia.


Aunque todos los miembros de una familia pueden prestar los apoyos de forma que se reparten las responsabilidades, lo común es que exista la figura del Cuidador Principal: un miembro de la familia que se ocupa mayoritariamente del cuidado, asumiendo un mayor grado de carga, estrés y responsabilidad en los cuidados, en el tiempo y esfuerzo invertido y en la toma de decisiones. Además, se caracterizan por no tener una formación específica en dicho ámbito, no reciben remuneración económica y no tienen un horario estipulado, dedicando la mayor parte de su tiempo al cuidado.


Los apoyos que prestan los cuidadores se dirigen a la realización de las Actividades Básicas de la Vida Diaria y Actividades Instrumentales de la Vida Diaria. Ambas son necesarias para el día a día de la persona con dependencia.


¿Qué es la dependencia?


Se entiende por dependencia la necesidad de asistencia por parte de una tercera persona para realizar las actividades básicas de la vida diaria, en concreto aquellas relacionadas con el cuidado personal.


Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el año 2050 el 21,8 % de la población superará los 60 años de edad y el 4,4 % los ochenta años. Además, según este organismo, España se convertirá en el país más envejecido del mundo, con una media de edad de 55,2 años. De tal manera que cada vez van a ser más frecuentes las situaciones de dependencia, ya que cada vez va haber personas de mayor edad.


¿Qué es el Síndrome del Cuidador Quemado?


Entre las personas que asumen ese cuidado muchas veces aparece una serie de síntomas que dan lugar al Síndrome del Cuidador Quemado:


 -Ansiedad.

 -Tristeza, irritabilidad y/o frecuentes cambios de humor.

 -Insomnio.

 -Dificultades de atención y concentración.

 -Falta de motivación, apatía.

- Aislamiento social y menor tiempo invertido en actividades de ocio.

-Sentimientos de culpa.

 -Pérdida de apetito y/o de peso.

-Dolor de cabeza.

 -Cansancio, agotamiento, falta de energía.

 -Abuso de sustancias nocivas.

 -Sentimientos de soledad no deseada.


Hay algunos factores que aumentan la probabilidad de que aparezcan estos problemas en las personas cuidadoras. En general, a mayor edad de la persona dependiente es más probable su aparición. También son factores de riesgo la presencia de agresividad, mayor número de enfermedades o patologías físicas y psicológicas, la ausencia de colaboración de otros familiares, la ausencia de formación e información en el cuidador y no formar parte de una asociación o grupo de ayuda.


¿Qué podemos hacer para sentirnos mejor?


Cuando estamos cuidando a un familiar dependiente nuestra vida se dirige, casi por completo, a esta persona y a sus dificultades, con el consiguiente abandono de nuestras propias necesidades y disminuyendo las tareas de autocuidado. Todo esto puede hacer que aparezcan los síntomas anteriormente descritos.


Sin embargo, una vez tomemos consciencia de las dificultades y de que nos estamos sintiendo mal, podemos emprender una serie de acciones y pautas para sentirnos mejor. A continuación, os dejamos algunas de ellas:


 -Ser asertivo y poner límites, aprendiendo a decir no a las demandas que no sean importantes y a pedir ayuda a otros familiares y/o amigos para dividir la tarea del cuidado.

 -Invertir tiempo en cuidar el aspecto físico y la salud.

 -Asistir a grupos de apoyo de cuidadores.

 -Buscar información y guías de cuidado de personas dependientes.

 -Cuidar la alimentación.

 -Dormir bien y descansar.

 -Buscar un espacio para las actividades de ocio y el autocuidado

 -Fomentar, en la medida de lo posible, la autonomía de la persona dependiente.

 -Gestionar el tiempo de manera eficiente.

 -Gestionar las emociones desagradables: tristeza, irritabilidad o culpa.

 -Marcar objetivos de mejora a corto plazo, tanto para el cuidador como para la persona dependiente.


En ocasiones, es recomendable ir a terapia para que un profesional de la psicología nos ayude y oriente en este proceso de gestión de las emociones y refuerzo del autocuidado.


Si necesitas que te acompañemos en este camino llámanos y nos pondremos en

marcha lo antes posible.


En IAN DE PSIQUE, rumbo hacia tu bienestar.


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