LA ILUSIÓN DE LOS REYES MAGOS
- María Rubio

- 6 ene
- 2 Min. de lectura
Una mirada psicológica desde la infancia hasta la adultez.

El valor terapéutico de la ilusión, la fantasía y la esperanza a lo largo del ciclo vital
La celebración de los Reyes Magos ocupa un lugar especial en nuestra cultura, pero también tiene un profundo significado desde la psicología, tanto en la infancia como en la edad adulta. Más allá de los regalos, esta tradición representa un espacio emocional donde se ponen en juego la ilusión, la espera, el deseo y la vinculación afectiva, elementos clave para el bienestar psicológico.
Desde la psicología infantil, la ilusión de los Reyes Magos cumple una función fundamental en el desarrollo emocional. La fantasía es una herramienta natural del niño para comprender el mundo, expresar emociones y construir seguridad interna. Creer en los Reyes Magos no implica confusión ni engaño, sino una vivencia simbólica que favorece la creatividad, la regulación emocional y la capacidad de tolerar la frustración. La espera de la noche mágica enseña a gestionar la anticipación, el autocontrol y la paciencia, habilidades esenciales para la vida adulta.
Además, esta experiencia compartida con las figuras de referencia fortalece el apego seguro. Los rituales, las cartas, la preparación previa y la sorpresa generan recuerdos emocionalmente significativos que se integran en la historia personal del niño como experiencias de cuidado, protección y alegría compartida.
En la edad adulta, la ilusión adopta nuevas formas. Aunque la fantasía infantil desaparece, la necesidad psicológica de ilusionarnos permanece. La ilusión se transforma en proyectos, metas, expectativas saludables y en la capacidad de creer que el cambio es posible. Desde una perspectiva clínica, sabemos que la pérdida de ilusión suele estar asociada a estados de desánimo, estrés crónico o sintomatología ansioso-depresiva.
Recuperar rituales simbólicos como los Reyes Magos permite a los adultos reconectar con emociones positivas, romper la rigidez del día a día y activar la esperanza, entendida como un factor protector de la salud mental. Compartir esta tradición con los niños también ofrece una oportunidad para revisar el propio mundo interno, conectar con la infancia vivida y resignificar experiencias pasadas desde una mirada más compasiva.
La ilusión, en cualquier etapa vital, no implica negar la realidad, sino dotarla de sentido. Desde la psicología de adultos, fomentar la ilusión significa trabajar la motivación, el autocuidado emocional y la capacidad de proyectarse hacia el futuro con flexibilidad y realismo.
La ilusión es un recurso emocional que nos acompaña durante toda la vida: en la infancia se vive a través de la fantasía, y en la adultez se transforma en esperanza, sentido y motivación para avanzar, recordándonos que siempre podemos seguir construyendo nuestro camino.
Infancia y adultez se encuentran en un mismo punto: la necesidad de sentir que algo bueno puede llegar, que el esfuerzo tiene sentido y que no estamos solos en el camino. La ilusión, cuando es acompañada y sostenida, se convierte en un pilar del bienestar psicológico y del crecimiento personal. Pon rumbo hacia tu bienestar.





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