“Lo tengo todo para ser feliz. No me falta de nada pero yo me siento vacío por dentro”.


Cuando la vida carece de sentido, nada te motiva y no encuentras un porqué levantarte cada mañana. Todo se vuelve rutinario, automatizado. Trabajas, comes, sales, te relacionas… como si de actos reflejos se tratara. Sientes que has dejado de ser el actor principal de tu película, limitándote a ser un mero espectador. Este distanciamiento con la propia vida hace que creas que nada de lo que haces es significativo.


Sentirse vacío, es una de las peores sensaciones que se puede experimentar por, el malestar que genera y por lo difícil que resulta expresar y comprender este sentimiento.

Tratamos de llenar este vacío, sin éxito, con la comida, con el alcohol, realizando ejercicio con exceso, con una pareja, con un sinfín de actividades…


El malestar es inmenso porque es incomprensible. La vida nos recuerda que sentimos una necesidad de algo que no somos capaces de determinar, te sientes desanimado, no te apetece hacer nada…


La lucha contra este vacío no es nada fácil. Para abordar esta situación hay que encontrarle un nuevo sentido a la vida y para ello tendremos que realizar un proceso personal en el que miremos hacia dentro para así, poder encontrar respuestas.


Aunque se trata de una sensación desagradable, podemos asumirlo como una oportunidad para cambiar e ir más allá, explorar nuevos horizontes.


Reencontrarnos restablecerá este vacío existencial. Y para ello, tenemos que recurrir a la autorreflexión.


El sentido de la vida está en hallar un propósito. Asumir una responsabilidad para con nosotros mismos y nuestro entorno. Así, intentamos darle un porqué o un para qué a nuestra existencia.


Puede que no sea aquello que creías, o aquello que más aplausos, gloria y reconocimiento te va a reportar, sino aquello que, aunque no lo sepa nadie, te va a llenar más, lo que más felicidad, orgullo y plenitud va a generar en tu vida.


“Encontrar y definir esos porqués, el para qué, nuestros motivos, nuestros sueños, nuestros objetivos, nuestras aspiraciones, aquello que nos inspira y por lo cual estamos realmente dispuestos a luchar… podríamos decir que ésa es la piedra angular de la motivación, ésa es una de las grandes claves de la fortaleza mental, tener nuestros motivos lo suficientemente claros y definidos para que nos inspiren y nos llenen de energía para pasar a la acción constantemente” (Javier Iriondo).


Las razones son primero, el cómo viene después. Si no tenemos razones de peso para volver a levantarnos cuando nos caemos, abandonamos.


Responder a estas preguntas esenciales te podría ayudar.


1. Si pudieras hacer cualquier cosa sin sentir miedo, ¿qué harías?

2. Si supieras que no vas a fracasar, ¿qué te atreverías a hacer?

3. ¿Cómo te imaginas tu vida dentro de cinco años?

4. ¿Por qué y por quién estás dispuesto a sacrificarte?

5. ¿Cuál sería tu vida ideal?

6. ¿En qué clase de persona te gustaría convertirte?


Tal y como decía Víctor Frankl


“la vida nunca se vuelve insoportable por las circunstancias, sino sólo por la falta de significado y propósito”


Y recuerda, si tienes algún tipo de dificultad podemos recorrer junt@s el camino Rumbo hacia tu Bienestar.

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