En muchísimas ocasiones recurrimos a la comida por una razón que poco o nada tiene que ver con satisfacer una necesidad biológica. Y en muchas ocasiones es una conducta que genera posteriormente emociones desagradables como culpabilidad o sensación de falta de control.


Esto hace que muchas personas se pregunten qué tipos de hambre hay y cómo diferenciarlos.


Hay diferentes maneras de abordar este asunto, yo voy a exponeros la mía.


Yo diferencio


tres tipos principales de hambre: hambre fisiológica, hambre emocional y hambre por falta de estimulación.


El hambre fisiológica tiene que ver con la necesidad de nuestro organismo de nutrirse para llevar a cabo sus funciones vitales y su desarrollo natural. El hambre fisiológica podemos reconocerla recolectando con nuestras señales físicas, que con el ajetreo vital a veces pasan un poco inadvertidas. Algunas de sus características distintivas serían la aparición gradual, sintiendo un hambre inicial leve que incrementa su intensidad poco a poco, la distancia temporal de entre dos y tres horas como mínimo de la última ingesta, y el hecho de que al abrir la nevera nos sirva cualquier alimento con tal de calmar el hambre que sentimos. Este hambre tiene la función de nutrir nuestro organismo y es necesaria para la supervivencia.


El hambre emocional podría describirse como recurrir a la comida para regular nuestras emociones. Tiene una función evasiva ante una emoción desagradable que no sabemos gestionar de otro modo. Las señales que nos indican que estamos sintiendo hambre emocional son que aparece de repente, muchas veces cuando no ha pasado apenas tiempo desde la última ingesta, y la característica más distintiva es que viene con nombre y apellido: estoy triste necesito chocolate. Este hambre está socialmente muy estigmatizada, es cierto que entraña riesgos ya que podemos utilizar esta herramienta para no enfrentarnos a aquellas situaciones que nos desbordan, y puede traer consecuencias negativas como el sobrepeso. Pero también es cierto que somos humanos, a veces nos sentimos desbordados, y recurrir a la comida en momentos puntuales no tiene nada de malo, siempre y cuando nos enfrentemos a los problemas y no utilizamos la comida para mirar a otro lado.


Por último os quiero hablar del hambre por falta de estímulo, o como comúnmente mucha gente la llama: hambre por aburrimiento. Este hambre no cumple una función más allá de entretenernos. si bien es cierto que no tiene nada de malo mientras no se convierta en una conducta demasiado habitual, también es cierto que no nos aporta demasiado y hay muchísimas otras actividades que hacer a las que podemos recurrir.


Aprende a conocer tu cuerpo y da un pasito más Rumbo hacia tu Bienestar.

Posts Recientes