En muchos casos, la comida llega a nosotros envuelta en el momento más feliz que un bebé recién nacido puede vivir: tener a su mamá piel con piel, notar su calidez, su olor, escuchar el latido de su corazón, escucharla hablar, y además sentirse seguro y saber que ella está ahí para cubrir sus necesidades. Si lo pensamos bien, e intentamos trasladarnos a la mente de un bebé que acaba de salir al mundo, no hay mayor Refugio. Y justo ahí se establece un vínculo fuerte e inconsciente, que va directo a la parte más primitiva de nuestro cerebro: la comida es cuidado, la comida es consuelo, la comida es seguridad.


Esto queda dentro de nosotros, y pasa a un plano inconsciente. Sin embargo, en nuestra etapa adulta cuando aquellos días de lactancia quedaron muy atrás en el tiempo, este vínculo sigue presente, por eso vemos como la comida forma parte de muchas relaciones afectivas, siendo un elemento central en nuestra vida familiar “el niño está estudiando muchísimo voy a preparar su comida favorita”, y también de nuestra vida sentimental “he invitado a la chica que me gusta a cenar y voy a sorprenderla con mi plato Estrella”

Demostramos el amor cuidando, y cuidamos en parte alimentando. Y así, cuando queremos cuidar de nosotros mismos, a veces, nos alimentamos:


La comida se convierte en auto cuidado, y en auto consuelo


Para alguien que tiene una buena relación con su cuerpo, no restringe calorías ni alimentos, se acepta sin problemas y lleva una vida equilibrada esto no es un problema.

Ahora bien, debido a los muchos elementos de presión en lo que respecta al físico que desgraciadamente encontramos en nuestra sociedad, de los que cabría hablar largo y tendido, muchos de nosotros no aceptamos nuestro cuerpo sin problema, sino que de forma continua y muchas veces demasiado excesiva le ponemos condiciones para ser aceptado, lo que altera nuestra relación con la comida y con nosotros mismos, la forma en que nos hablamos y nos tratamos.

Se dispara la critica, el control, la restricción. Y el consuelo primario que encontramos en la comida nos resulta controvertido: trae una gran cantidad de emociones desagradables como la culpa, la ansiedad o la insatisfacción.


Él hambre emocional, o lo que es lo mismo, la autorregulación emocional a través de la comida, es hoy en día un problema para muchísimas personas, que lidian a diario con la ansiedad, la restricción y la culpa tras salirse de sus límites alimentarios.


Nos vamos haciendo un lío, un nudo, enredándonos en contradicciones entre lo que sabemos de forma instintiva que nos puede ayudar: en un momento dado comer algo rico. Y aquello que hemos convertido en objetivo: controlar las ingestas.

Pero si paramos, tomamos aire, y nos damos un respiro podemos ordenar un poco nuestras ideas, deshacer un poco el nudo. Una comida rica en un mal día no va a hacernos daño, no va a cambiar nuestro cuerpo ni nuestra silueta. Date una tregua a ti mismo y permítete ese auto cuidado.


Sin embargo si esto se repite muchas veces quizás es el momento de buscar ayuda, encontrar nuevas herramientas de regulación, y desde el respeto a ti y a tu cuerpo dar un paso más rumbo hacia tu bienestar.

Frase: la comida se convierte en auto cuidado, y en auto consuelo.*

Palabras destacadas: comida, Refugio, crítica, control , restricción, hambre Emocional

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