HERIDAS MÁS FRECUENTES EN TERAPIA EN EL COLECTIVO LGTBI.



TIPOS DE HERIDAS




Cuando hablamos del colectivo LGTBIQA+ hablamos de un grado más alto de victimización que la población general. El grado de victimización dependerá del entorno (homofóbico vs. respetuoso), del número de veces que haya sido agredido/a (una sola vez vs. revictimización), del proceso atribucional que la persone realice (mi responsabilidad vs. culpa de los demás) y de otros factores como la resiliencia, la capacidad para aprender formas de defenderse, la reelaboración (o reestructuración) que realice de los sucesos, del apoyo social y legal, etc.


Los/las niños/as a los que no han dejado afirmarse probablemente tendrán problemas en defenderse como adultos. Como resumen, digamos que nada es más traumático que otro ser humano.



Las heridas más frecuentes, fruto de las experiencias adversas, que aparecen en terapia son:



HERIDAS DE ABANDONO


Son niños/as que han sufrido al no sentirse apoyados por el progenitor. Se observa una falta de afecto. Su defensa: la dependencia. Su miedo: la soledad. Presentan dificultades para manejarse por sí mismos.


Buscan presencia y atención, ser apoyados. Presentan dificultades para terminar sus relaciones.


Mientras que nuestro mapa del mundo esté basado en el trauma el maltrato y el abandono, es probable que busquemos atajos hacia el olvido. Creencia negativa: soy débil y temeroso.


HERIDAS DE HUMILLACIÓN


Su defensa: el sufrimiento por no ser visto. Su miedo: la libertad. Han aprendido que no tienen derecho a decir cosas que puedan perjudicar al otro, llegando a justificarlo. Presentan miedo de pasarse de la raya y sentir vergüenza. Conocen sus necesidades, pero no las escuchan ni las muestran. Creencia negativa: No soy digno. No soy confiable.


Un niño ignorado o crónicamente humillado es probable que no se respete a sí mismo.


HERIDA DE INJUSTICIA


Niños/as que han sufrido la frialdad del progenitor. No han sabido expresarse ni ser ellos mismos con sus progenitores. Ponen límites a su sensibilidad, que casi nunca muestran. Se quieren mostrar vivos y dinámicos, aunque estén agotados. Su defensa: la rigidez. Su miedo: la frialdad. Raramente admiten que tienen problemas o que algo les molesta. Se controlan para parecer perfectos. Hacen lo necesario por controlar su ira, por miedo a perder el control. No quieren sentir. Pueden aparentar ser fríos e insensibles. Todo debe ser justo, estar justificado y ser justificable. Creencia negativa: Estoy dañado/a para siempre.


HERIDA DE RECHAZO


Niño/a se ha sentido rechazado por el progenitor. Su defensa: Huir. Su miedo: al pánico. Creen que no valen nada o poca cosa. Se sienten aislados de los demás e incomprendidos. Se protegen inconscientemente, negándose a admitir las cosas. Cuando están solos, las emociones les abruman. Estando en grupo hablan poco y se apartan. Presentan rasgos de perfeccionista. Creencia negativa: Fue mi culpa. No merezco perdón.


HERIDA DE TRAICIÓN


Niño/a decepcionado/a que ha sufrido por no haber sido colmada su necesidad de atención por parte del progenitor. Su defensa: el control. Su miedo: desconexión emocional, separación, miedo y rechazo. Hacen de todo para convencer a los demás de que tienen una fuerte personalidad. No conectan con su vulnerabilidad, buscan mostrarse fuertes. Buscan ser especial e importantes. Esperan mucho de los demás y son exigentes. Difícilmente confían y no dejan que les conozcan. Creencia negativa: Tendría que haber hecho algo. Fue mi culpa, no merezco perdón.


Por todo este posible daño y trauma, es importante un proceso de terapia EMDR que empiece

Rumbo hacia tu Bienestar.

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