ENTENDIENDO LA ADICCIÓN A TRAVÉS DEL CUENTO: "Las Mazmorras de Sapik"

Entender la Adicción es entender el mundo complejo de la persona que lo padece. Y la misma persona toma conciencia del laberinto tan complicado donde se ha metido.


El cuento es una buena herramienta para entender de forma metafórica cualquier enfermedad. En este caso en particular, te invito a leer "Las Mazmorras de Sapik", escrito por la psicóloga experta en adicciones, Marian Martín.



"En el otro lado de las montañas nevadas existía un reino llamado Sapik. En él se hallaban las mazmorras más oscuras de todos los reinos, donde residían los monstruos más temerosos.

Los pequeños sapikes, que eran los seres que vivían en el reinado, no entendían por qué los monstruos no salían después de su proceso en la mazmorra. Ya que habían cumplido con su cometido. La mayoría de los monstruos estaban ahí por haberse envenado de la flor marsel, una flor que su néctar, si lo bebes más de 5 segundos, los sapikes se convierten en esos monstruos. Su alma se oscurece y su visión se hace tenue.

Gael es un pequeño sapik que se dedicaba a dar de comer a los monstruos. Es un pequeño lleno siempre de preguntas e inquietudes. Le encantaba su trabajo, y hablar con ellos. Hacía una pequeña ruta, había monstruos con colas de serpientes y ojos rojos, otros con escamas en la mitad de su cuerpo, pero el que más le llamaba la atención era uno que tenía dos cabezas, que le salían del torso. Le gustaba escuchar como ambas cabezas discutían.

Un día, Gael, se acercó más de la cuenta, con la intención de poder entender por qué no salían de la mazmorra, ya que habían cumplido con su cometido.

-¿Cómo vamos a salir de aquí? – decía Ale -¿dónde iremos? No podremos ver, nos hemos acostumbrado a esta luz, a la comida que nos das, a esas piedras para dormir…. Es demasiado costoso salir de aquí.

- Per si fuera hay luz…. – decía Gael, sin entender nada- hay comida, y lo más importante, dejaréis de ser monstruos….

- ¿Y quiénes seremos sino….? Preferimos quedarnos aquí, aunque estemos lejos de lo que un día fuimos. Aquí además nos dan algo parecido al néctar de la flor marsel a cambio de trabajar duro….

Al preguntarle a la otra cabeza, a Jandro, ésta intentaba hablar, vocalizar, pero no le salía la voz.

Y Gael, pensaba: Pobrecito, quiere decirme algo pero no lo escucho.

Gael se iba a casa pensando en cómo podía ayudar a su amigo el monstruo. Y entonces se le ocurrió un plan… Debía darle voz a Jandro. Seguro que él mismo tendría la solución y podría conseguir convencer a Ale.

Estuvo toda la noche recolectando frutos, y cogiendo ciertas hierbas del bosque, con un poco de miel, hizo un jarabe. Lo puso en una tarrina y se fue a las mazmorras.

-Toma Jandro, prueba esto…..

Y al momento empezó a toser, mucho, mucho y de tanto toser salió una espina de dentro de su cuello. Y al momento, empezó a chillar, a cantar, como nunca lo había hecho, con una voz clara.

Cuando se calmó, miró a Ale a los ojos, y le expresó con voz firme: “Hermano, ¿te sientes feliz aquí?... Recuerda como nos gustaba sentir la lluvia y sentir los pies en la hierba fresca, recuerda el olor y el sabor de los pasteles de nuestra abuela, recuerda sentir la luz del sol en tu cara, recuerda, que cómo te sientes cuando tienes libertad,… recuerda…..

Gael observaba la escena, como Ale se había quedado petrificado, y de repente, empezó a llorar como nunca lo había hecho pidiendo por favor que los sacaran de allí, aunque supieran que nunca jamás podrían volver a probar el néctar de la flor marsel. Es una promesa que se hicieron los hermanos.

Con la ayuda de Gael, dieron los primeros pasos, fue costoso, porque tenían que escalar la mazmorra para poder salir, ya que con el tiempo habían ido bajando por el espiral de la torre de las mazmorras por miedo a que se terminara esa porción que les daban.

Fue el momento de los primeros rayos de luz, que empezó la transformación de Ale y Jandro, como capas de una cebolla se iban desprendiendo hasta que las dos cabezas se fusionaron en una, y donde despertó como de un sueño muy profundo, un pequeño sapik llamado Alejando.

Alejandro entendió que gracias a una mano bondadosa pudo salir de las mazmorras de Sapik, y entendió que aunque le diera miedo sabía que su vida plena y feliz estaba ahí fuera, aunque parecía que no fuera así, aunque pareciera que esa oscuridad era su realidad y no el mundo que estaba esperándole. Entendió que no eran dos personas, sino una con dos voces en su interior con una eterna batalla.

Y entendió que aunque le encantaba el néctar de aquella flor dulce, debía mantenerse alejado y rechazarla, cada día de su vida, y así poder tener paz interior."


En Ian de Psique somos expertos en las conductas adictivas. Podemos ayudarte. Siempre Rumbo hacia tu Bienestar

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