A lo largo de estos últimos 2 años han sido muchos los cambios que hemos vivido en nuestra vida. Desde un confinamiento seguido de restricciones que nos impedían desplazarnos dentro de nuestra comunidad, hasta el fin de esta etapa con una nueva normalidad: la vida con mascarilla.


La mascarilla ha sido un objeto que entró en nuestro día a día de manera forzada y que vino para quedarse. Hasta el pasado martes 19 de abril, cuando dejó de ser obligatoria. Este nuevo comienzo ha supuesto una gran alegría para la gran parte de la población. Sin embargo, ha supuesto la aparición de distinta sintomatología (preocupaciones, pensamientos rumiantes acerca de mis inseguridades, tensión muscular, hiperventilación, taquicardia…), al conjunto del cual se ha denominado: ‘síndrome de la cara vacía’.


Ahora bien, ¿en que consiste dicho síndrome? El síndrome de la cara vacía hace referencia a la inseguridad que está ocasionando el hecho de poder retirar la mascarilla y puede tener dos orígenes diferentes: el miedo a mostrarse a los demás y la fobia a contagiarse.


El síndrome de la cara vacía afecta a toda la población (niños, adolescentes y adultos), pero afecta en mayor medida a los adolescentes, debido a que se encuentran en una etapa de la vida de cambios personales y físicos, de los cuales muchos les cuestan aceptar e interiorizar. Así, la mascarilla durante estos dos años les ha servido de escudo protector.


Ante esta situación, si te sientes identificado con la sintomatología ansiosa derivada, te ofrecemos las siguientes recomendaciones para que puedas afrontar esta situación:


- Analiza tu actitud hacia la mascarilla. Es cierto que nos protege, pero también resulta un obstáculo en nuestra vida social, ya que nuestra expresión facial nos ayuda a transmitir emociones.


- Localiza las distintas situaciones donde te encuentras más incómodo sin ella (instituto, supermercado, por la calle…). Intenta graduarlas y comienza a exponerte sin mascarilla de las menos a las más incomodas.


- Identifica tus inseguridades en relación a tu aspecto físico y trabaja en ellas.


La sintomatología ansiosa es muy incómoda. Puede llevarte a querer evitar experimentarla y a ‘tener miedo’ a la exposición. Recuerda que, siempre que tomes las medidas de seguridad necesarias, la retirada de las mascarillas es una muy buena señal que indica que estamos saliendo de una etapa muy complicada. ¡Disfrutemos de el aire libre y de la sonrisa de nuestros seres queridos! Procede a la exposición gradual y, si consideras que necesitas ayuda en este proceso, te animamos a pedir ayuda a un profesional, rumbo hacia tu bienestar.

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