Ha habido un incremento en las tasas de ansiedad y depresión. Y es que, con la pandemia no sólo nuestra salud física se ve amenazada, sino nuestra salud mental.


Desde el pasado marzo nos hemos enfrentado a muchos cambios. Aprender a convivir con la incertidumbre, la distancia y el aislamiento social, un cambio de normas y recomendaciones constantes, las prohibiciones y la pérdida de la libertad, la preocupación por los seres queridos, miedo al contagio, convivir diariamente con la muerte, las dificultades económicas…


La vida, tal y como la conocíamos ha cambiado, ya no es lo que era. Se ha vuelto extraña, se ha teñido de gris y todo esto favorece el estrés psicológico.


A estas alturas, todos somos conscientes de que la prioridad es tratar de controlar la pandemia, este hecho no quita que la situación empieza a pesar. Estamos cansados.


Covid. Una gran lección de vida. Aprender a valorar lo realmente importante.


Encontrar el equilibrio entre reducir el contacto social y cuidar de nuestro bienestar emocional está siendo una ardua tarea. Se trata de dos necesidades que se retroalimentan entre sí y ahora entran en conflicto. Salud física vs. Salud emocional.


Los humanos somos seres sociales por naturaleza y necesitamos el contacto social, contacto del que ahora estamos privándonos. Hemos tratado de suplir esta carencia con las nuevas tecnologías y a pesar de que han sido de gran ayuda, no es lo mismo.


Esa sensación de falta de libertad. De no poder hacer lo que te apetece en cada momento. Ver a quien quieres sin importar si somos seis o veintiséis, sin aforo limitado, entrar a un sitio abarrotado, los conciertos, sin horarios…


La vida se ha vuelto monótona. Adiós a los planes improvisados, a los viajes, a conocer nuevas personas, abrazar fuerte, tocar, besar… sin miedo.


El miedo y la responsabilidad por evitar el posible contagio se ha impregnado en nuestra piel hasta sentir que no acabamos de disfrutar cuando vemos a nuestros seres queridos.

Añoranza por cómo vivíamos antes. Libres. Algo tan vital ahora nos parece un privilegio.

Todo esto es cierto, y ¿qué podemos hacer? Nos toca adaptarnos y continuar. Practicar la resiliencia.


La aceptación de esta nueva realidad es crucial para poder sobrellevarlo. No podemos resistirnos al cambio, sino prepararnos. Ver qué está en nuestras manos y valorar qué acciones podemos llevar a cabo para facilitar nuestra adaptación.


Se trata de algo pasajero. Una situación difícil en la que tratar de vivir tal y como lo hacíamos antes es un imposible.


Una buena oportunidad para aprender a convivir con nosotros mismos y adaptarnos a la adversidad.


A pesar de ser totalmente normal tener altibajos emocionales dada la situación, si en algún momento te sientes desbordad@ podemos recorrer junt@s el camino Rumbo hacia tu Bienestar.

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