APEGO Y RELACIONES DE PAREJA


Como seres sociales que somos sentimos la necesidad de vinculación. Sentirnos seguros junto a otra persona. En cambio, a veces esta tarea resulta complicada.


Tomar consciencia de uno mismo, de nuestras inseguridades y miedos y en definitiva, del tipo de apego que tenemos nos ayudará a reconducir el modo en el que nos relacionamos con los demás.


Conocer qué tipo de apego predomina en nuestras relaciones y transformarlo en uno seguro nos permitirá establecer vínculos sanos y satisfactorios.


Nuestra autoestima y el modo en el que nos relacionamos, son fruto de los vínculos emocionales que hemos vivido a lo largo de nuestro desarrollo. Tanto de los cuidados que nos dispersan nuestros padres en la infancia, como de nuestras experiencias afectivas adultas.


No todos los apegos son iguales ni todos son igual de saludables para conseguir una relación de pareja sana.


Dependiendo del apego en el que nos sintamos identificadas, las personas somos distintas en cómo percibimos la intimidad, cómo nos enfrentamos a los conflictos, la actitud hacia las relaciones sexuales, la capacidad de expresar los deseos y necesidades y las expectativas que tienen de la relación y la pareja.


La teoría diferencia tres estilos de apego o maneras que tienen las personas de percibir la intimidad y de responder a ella en el seno de la pareja.


  • Apego seguro. A grandes rasgos las personas seguras se sienten cómodas en situaciones de intimidad y suelen ser cálidas y cariñosas.

  • Apego ansioso. Anhelan la intimidad, tienden a obsesionarse con sus relaciones y acostumbran a dudar de la capacidad de su pareja para corresponder a su amor.

  • Apego evasivo. Equiparan la intimidad con una pérdida de independencia y se esfuerzan constantemente en evitar el acercamiento.


Todas las personas encajamos en uno de estos tres patrones o con menor frecuencia en una combinación de los dos últimos; ansioso-evasivo.


Nuestra manera de relacionarnos con el mundo depende del estilo de apego que hayamos desarrollado. Aunque nuestro apego primario no sea seguro, es posible modificarlo. Esto requiere un proceso de desarrollo personal en el que se tome consciencia de los miedos e inseguridades, se restablezca la autoestima y aprendamos a relacionarnos mejor.


Tal y como afirmaba John Bowlby


El papel del terapeuta es análogo al de una madre que ofrece a su hijo una base segura desde la que podrá explorar el mundo


Recuerda, si tienes algún tipo de dificultad podemos recorrer junt@s el camino Rumbo hacia el bienestar.

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