Muchos de nosotros nos hemos preocupado más por nuestra salud en algunos momentos de nuestras vidas. Son muchas las situaciones que nos pueden llevar a estar más alerta como, por ejemplo; la muerte de un ser querido, la enfermedad de alguna persona cercana, que nos diagnostiquen alguna enfermedad o vivir una pandemia mundial, entre otros. Si algo de esto sucede es normal prestar más atención a nuestro cuerpo y replantearnos nuestro estilo de vida para evitar que nos ocurra lo que tememos impulsándonos a cambiar y mejorar nuestros hábitos diarios.


Sin embargo, también puede ocurrir que la persona empiece a hiper vigilar su cuerpo y todas las sensaciones que éste produce desencadenando en una


preocupación constante y obsesiva por su propia salud creyendo que sufre una terrible enfermedad física grave o mortal a partir de una interpretación personal de alguna sensación corporal.


Cuando esto sucede podríamos estar hablando de ansiedad por la salud o hipocondría.


Un ejemplo claro sería cuando una persona que ha sufrido cáncer centra su atención en su cuerpo e interpreta estas sensaciones como enfermedad, por ejemplo; dolor de espalda, alguna peca nueva, alguna protuberancia en la piel distinta, algún bultito en el cuerpo, etcétera. Inmediatamente, sus pensamientos empiezan a inundar su mente temiendo que una catástrofe va a ocurrir, podrían ser; “ya tengo cáncer otra vez”, “ha vuelto” o “me voy a morir”. Ante esta interpretación, el cuerpo desencadena una serie de sensaciones físicas que aumentan nuestra sensación de malestar y provocan más sensaciones que confirman nuestros miedos como, por ejemplo; sudoración, boca seca, aumento del ritmo cardíaco, dolor de estómago, de espalda, cuello o cabeza, tensión muscular, temblores, etcétera.


Ante estos pensamientos y sensaciones físicas, la persona realiza una serie de conductas para mantenerse a salvo y evitar el malestar emocional, por ejemplo; consultar múltiples médicos buscando la causa de su enfermedad, pregunta a personas de confianza para ver si les ha pasado lo mismo, busca en Google los síntomas que tiene, etcétera. Pero todo ello no hace más que aliviar momentáneamente su malestar, incrementando así su conducta posteriormente. Por ejemplo, cuando salga del médico comprobando que todo está bien, en unos días o incluso horas interpretará otra peca, bulto o sensación física como enfermedad nueva volviendo otra vez a acudir al médico, consultar en internet o preguntar a otras personas aumentando su malestar otra vez. Y así, entra en un espiral que es muy difícil salir sin ayuda psicológica.


Si te sientes identificado/a o crees que alguien de tu entorno puede estar sufriéndolo no dudes en contactar con nosotras para ofrecerte una solución individualizada y tratamiento eficaz rumbo hacía tu bienestar.






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