EL SECRETO DEL DESEO


Hoy me gustaría compartir con vosotras las reflexiones que realiza Esther Perel sobre el deseo en las relaciones a largo plazo. Realmente inspirador.


Perel parte de la idea de que buscamos en una misma persona seguridad y estabilidad al mismo tiempo que aventura, novedad, misterio, sorpresa…


La crisis del deseo es frecuentemente una crisis de la imaginación. ¿Por qué en ocasiones el buen sexo se desvanece? ¿Cuál es la relación entre amor y deseo? Ahí radica el misterio del erotismo. La diferencia recae entre el tener y el querer.


El tener acompaña al amor y en cambio el querer se relaciona con el deseo


En el amor queremos proximidad, conocer y neutralizar tensiones. En cambio, al desear, tendemos a no regresar a los lugares en los que ya hemos estado, los resultados predecibles pierden interés… el deseo necesita espacio.


Solemos desear más a nuestra pareja cuando está lejos y no la tenemos presente físicamente o estamos en una misma estancia pero, él o ella está realizando alguna actividad de forma individual que le apasiona o cuando observamos a nuestra pareja en cualquier ambiente social y está radiante y segura. Se trata de ese momento en el que una persona tan cercana y familiar como es tu pareja estable, por momentos se convierte en alguien misterioso otra vez.


Aquí entran en juegos distintas variables. Ausencia, anhelo, imaginación, autosuficiencia…


Como dice Proust

“el misterio no es viajar a nuevos lugares sino, verlos con nuevos ojos”


Según Perel, otro punto en el que aparece el deseo es cuando conectamos con la novedad. No me refiero a ampliar el repertorio de posiciones en la cama sino, a la visión que tenemos sobre el sexo ¿Es un lugar en el que entramos sin prejuicios? ¿Espacio para la travesura e incluso, darnos el permiso de poder ser más agresivo, con seguridad? ¿Tiempo en el que poder rendirte y no asumir la responsabilidad de todo?


El erotismo va mucho más allá de la cama. Es un lugar al que hay que entrar dejando fuera las cargas, las responsabilidades, “lo correcto”, dejando de ser el “ciudadano ejemplar”. Responsabilidad y deseo van reñidos.


Las parejas eróticas entienden que la pasión aumenta y disminuye, pero vuelve. Saben cómo resucitarla dado que han desmitificado un gran mito. El mito de la espontaneidad. Sexo comprometido es sexo premeditado, con voluntad, intencional.


Tal y como afirma Esther, somos la única especie que tiene una vida erótica, lo que significa que es sexualmente transformada por la imaginación humana. Podemos hacer el amor durante horas, pasar un rato feliz, tener orgasmos múltiples sin tocar a nadie, simplemente porque nos lo imaginamos. Podemos experimentar esa anticipación que es el mortero del deseo, la capacidad de imaginarlo como si estuviera sucediendo.


La inteligencia sexual es algo que podemos cultivar. Los ingredientes son imaginación, alegría, novedad, curiosidad, misterio… para poder vivir la sexualidad de este modo hay que, dejar a un lado nuestras preocupaciones y dejarnos llevar por la vitalidad, el eros, la imaginación, las sensaciones…


Al final todo se reduce a autoestima. Tener la capacidad de ser un ser independiente e individual capaz de permanecer en una relación de pareja de forma libre sin poseer, sin ataduras. Estar en pareja, conectados y a la vez libres.


La clave: encontrar el equilibrio entre libertad y seguridad.


Y recuerda, si tienes algún tipo de dificultad podemos recorrer junt@s el camino Rumbo hacia tu Bienestar.

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