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18 PORROS Y UNA VIDA: A PROPÓSITO DE UN CASO

Cuando la adicción domina tu ser






Cuando X vino a sesión por primera vez vi a un ser perdido en un laberinto llamado adicción. Su único motor de vida era el porro, bueno si podemos llamar vida a aquello que le estaba sucediendo.


Una dejadez absoluta y una depresión que inundaba todo su ser, con un único aliciente que era fumar.


Sí que es cierto que su trabajo no lo había dejado de lado, era un trabajo donde crea, produce, según él el porro le beneficiaba a ser creativo, a hacerlo mejor.


Algo que al tiempo se ha desvanecido completamente viendo que esto no era así.


Un niño perdido en su interior, como si estuviera en medio de una habitación oscura sin saber donde está la puerta.

Además, alguna vez lo había intentado mantenerse abstinente, pero acababa volviendo de una forma muy agresiva hacia él mismo.


Decía que había una voz en su interior que se reía de él diciéndole que a quien iba a engañar si él iba a ser el adicto de siempre, y que no lo conseguiría jamás. Con lo que motivación cero con el convencimiento que el intento siempre iba a ser fallido.


El consumo de marihuana era el eje central de su vida. Al levantarse debía cerciorarse de dónde ir a pillar, cuánto le quedaba en casa, dinero, etc.


Aislado en su casa, sin que sus seres queridos no pudieran acceder, ya que no dejaba que pasaran de sus puertas.


Un pozo cada vez más hondo y más oscuro.


Al borde de la muerte, su madre lo arrastra a consulta y es ahí donde empezamos a ver un resquicio de luz. Aparece un niño desolado, abandonado, sin identidad, sin sentir que tiene un sentido estar en este mundo.


El espiral empieza a empujar hacia arriba, sintiendo una fuerza en su interior que le empujaba a salir.


Con ayuda de medicación, empieza a probarse dejándose alguno del día, y potenciando en consulta la toma de decisión más importante: una vida sin porros.


Aparece un miedo atroz, un miedo que se enfrenta a saber quién es él sin consumo.


Un miedo que nutrido ese adicto que lleva en su interior.


Ahora lleva seis meses sin consumo. Es otra persona, con brillo en sus ojos, con paz interior, algo que hacía años que sabía lo que era. Con una creatividad inmensa en su trabajo. Con orgullo de sus pasos, y de lo que va descubriendo de sí mismo.


Con una mirada de amor hacia sí mismo y con abrazos y mimos cuidando a su niño interior.


Cuando salimos del laberinto de las adicciones debemos reaprender a vivir, y a descubrir quién soy.


En Ian de Psique somos expertos en acompañar a las personas a salir del laberinto de las adicciones.


Te acompañamos Rumbo hacia tu Bienestar.

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