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DESMITIFICANDO EL DUELO INFANTIL (PARTE I)

 

 

“Si bien la vida se vive hacia delante, se comprende hacia atrás”. Kierkegaard.

 

Por suerte es demasiado pequeño para entender lo que está pasando”, “parece que se dé cuenta de algo, pero no creo que sea consciente del todo de ello”, “Preferimos no hablar de la muerte del abuelo delante del pequeño porque no es necesario que vea ni se enfrente a todo ese dolor” o “a veces pregunta, pero intentamos hablar de otras cosas”. Estas son algunas de las narrativas que se oyen entre los adultos cuando se ha producido una pérdida importante en la familia.

 

Los principales mitos sobre el proceso de duelo en los más peques de la casa se reducen a tres. Por un lado, se tiene la creencia de que no se dan cuenta de lo que sucede tras una pérdida. Por otro lado, se piensa que en el caso de que sí lo hagan no es con la misma intensidad que lo hacemos los adultos. Y, por último, se cree firmemente que los adultos deben protegerles del dolor y el sufrimiento que sin poder evitarlo van unidos a la muerte. Tanto niños como adolescentes suelen vivir este momento con la muerte de abuelos, de algún familiar o amigo de la familia o de sus queridos animales de compañía.

¿Crees que los peques no saben lo que ocurre realmente? O ¿es más bien el miedo como adultos a hablar sobre la muerte el que nos lleva inconscientemente a pensarlo así y no pasar por ese mal trago? Cuando perdemos a un ser querido la familia como tal se desestructura. Hay un vacío que desestabiliza lo establecido hasta ese momento. Las rutinas, los vínculos y la manera de entender nuestro mundo pierde su significado impactando a todo el funcionamiento familiar. La elaboración de un duelo puede vivirse con apoyo y acompañamiento o puede convertirse en algo más complicado y solitario.

 

 

Por ello creo que es importante desmitificar estas creencias, pues no están respaldadas ni por las investigaciones llevadas a cabo ni por la práctica clínica. Es más, los resultados nos dicen que tanto niños como adolescentes son más conscientes de lo que los adultos intuyen, aunque no siempre lo demuestren con palabras. Muchas veces ellos expresan su confusión, rabia e incredulidad a través de síntomas o conductas dependiendo del momento evolutivo en el que se encuentren. También, los resultados de investigaciones avalan la idea de que ellos, al igual que lo hacemos los adultos, necesitan dar un significado a la pérdida adecuado a su edad.

 

Por tanto, la muerte es una crisis que deben afrontar todos los miembros de la familia, incluyendo a los peques de la casa. Y, cómo hacerlo te lo cuento en la segunda parte de este post que podrás leer en unas semanas. Mientras te invito a reflexionar sobre el tema y a que le des una vuelta a cómo viviste de pequeñx tus primeras pérdidas significativas.

Si te ha gustado y crees que más mamis o papis como tú deberían saber sobre el tema comparte.

 

 

 

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